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Entrevista a Lía Cid Rivero: Cruzando el Umbral

Hay libros que nacen para entretener y otros que nacen de las grietas, de los silencios y de la necesidad imperiosa de ponerle nombre a lo invisible. UMBRAL pertenece a estos últimos. Su autora, Lía Cid Rivero (27 años, madre, emprendedora y médium), firma una obra profundamente honesta donde las vivencias personales, el dolor crónico de la endometriosis, la espiritualidad y la maternidad se entrelazan usando los Arcanos Mayores del Tarot como hilo conductor.

Hablamos con Lía sobre los miedos de exponerse sin filtros, la sanación, el duelo y lo que significa cruzar las puertas más difíciles de nuestra propia historia para volver a empezar.

Para quien aún no te conozca, ¿quién es Lía Cid Rivero y cómo nace la necesidad de escribir Umbral?

Creo que lo más difícil de esta entrevista va a ser precisamente responder a quién soy, porque llevo toda una vida intentando descubrirlo. Soy Lía, una mujer de 27 años, madre, emprendedora y médium. Pero, por encima de cualquier etiqueta, soy una persona que ha tenido que aprender a reconstruirse muchas veces.

UMBRAL nace de una necesidad que llevaba años dentro de mí. Durante mucho tiempo he vivido experiencias que no sabía cómo explicar, algunas relacionadas con mi espiritualidad y otras con situaciones personales que me han marcado profundamente. Llegó un momento en el que sentí que necesitaba ponerles palabras.

No quería escribir un libro para contar lo extraordinaria que puede parecer mi vida desde fuera. Quería contar también todo lo que hay detrás: mis miedos, mis pérdidas, mis errores, el dolor, las personas que me han salvado sin saberlo y aquellas que me han enseñado incluso desde su ausencia.

UMBRAL es, en cierto modo, una conversación conmigo misma que he decidido compartir con el mundo. Y quizá lo más bonito es que, aunque habla de mi historia, creo que muchas personas pueden encontrar un pedacito de la suya entre sus páginas.

El libro utiliza la estructura de los Arcanos Mayores del Tarot como hilo conductor. ¿Cómo surgió esta idea y qué representan las cartas para ti en esta historia?

El tarot forma parte de mi vida y de mi manera de comprender muchas de las experiencias que atravesamos como seres humanos. Para mí, los Arcanos Mayores representan mucho más que una herramienta de adivinación. Son arquetipos, etapas, aprendizajes y situaciones que, de una manera u otra, todos vivimos.

Cuando empecé a dar forma al libro, comprendí que mi propia historia podía contarse a través de ese recorrido. El Loco, por ejemplo, representa ese salto hacia lo desconocido que tantas veces damos sin saber dónde vamos a terminar. La Muerte habla de las transformaciones que nos obligan a despedirnos de una versión de nosotros mismos. La Fuerza habla de eso mismo: fortaleza para afrontar esas batallas que libramos cuando creemos que ya no podemos más.

Cada carta me permitió abrir una puerta a una parte de mi vida. Realmente no hace falta saber absolutamente nada de tarot para leer UMBRAL. Las cartas son el hilo que une la historia, pero lo que hay detrás son emociones y experiencias profundamente humanas. Al final, todos hemos sido alguna vez El Loco, todos hemos tenido que encontrar nuestra Fuerza y todos hemos atravesado alguna Muerte simbólica para poder volver a empezar.

Dices en el libro que desde los tres años aprendiste a convivir con lo invisible. ¿Cómo se gestiona esa sensibilidad tan temprana dentro de un entorno familiar y escolar convencional?

Con el tiempo entendí que no todo el mundo tenía que compartir mis creencias ni interpretar mis experiencias de la misma manera. Y eso también me ayudó a desarrollar un respeto enorme hacia las distintas formas de entender la espiritualidad.

Además, crecí en un entorno donde la fe tenía una presencia importante, algo que también ha influido mucho en mi manera de vivir este camino.

Hoy puedo hablar de mi mediumnidad con naturalidad, pero llegar hasta aquí ha supuesto un proceso de aceptación personal.

Si algo me enseñó aquella niña de tres años es que no siempre necesitamos comprender inmediatamente todo lo que sentimos. A veces necesitamos tiempo, acompañamiento y espacio para encontrar nuestras propias respuestas.

Uno de los temas más valientes de la obra es cómo hablas del dolor físico y de la endometriosis crónica. ¿De qué manera se conectan tu proceso de salud y tu mundo espiritual?

La enfermedad me ha enseñado cosas que probablemente nunca habría querido aprender de esa manera.

Vivir con endometriosis severa y dolor crónico significa convivir con una realidad que muchas veces los demás no ven. Hay días en los que tu cuerpo te obliga a detenerte mientras el mundo sigue funcionando como si nada.

Durante mucho tiempo sentí rabia hacia mi propio cuerpo. Me costaba aceptar que hubiera tantas cosas que quería hacer y que, sencillamente, no podía.

Mi espiritualidad ha sido uno de los lugares en los que he encontrado refugio durante esos momentos. No porque crea que la fe pueda sustituir a la medicina o hacer desaparecer una enfermedad, sino porque me ha ayudado a encontrar sentido, calma y fortaleza cuando físicamente estaba agotada.

También he aprendido algo muy importante: no tenemos que ser fuertes todo el tiempo. A veces la verdadera fuerza consiste en reconocer que estamos sufriendo, pedir ayuda y permitirnos descansar.

En UMBRAL hablo de esa relación tan complicada con mi cuerpo porque sé que hay muchas mujeres que viven situaciones parecidas y que se sienten profundamente solas.

Me gustaría que, al leerme, alguna de ellas sintiera que por fin alguien ha conseguido poner palabras a algo que lleva mucho tiempo intentando explicar.

En Umbral reflexionas profundamente sobre la muerte, pero no desde el temor, sino como una transición o un acto de amor. ¿Qué le dirías a alguien que está atravesando un duelo difícil en este momento?

Lo primero que le diría es que no permita que nadie le marque los tiempos de su dolor.

Vivimos en una sociedad que parece tener mucha prisa por superar las pérdidas. Escuchamos constantemente frases como «tienes que seguir adelante» o «el tiempo lo cura todo», cuando la realidad es que hay ausencias que nos acompañan durante toda la vida.

Mi experiencia con la espiritualidad y la mediumnidad ha construido una manera muy particular de comprender la muerte. Desde mis creencias, no la vivo como un final absoluto, sino como una transformación de nuestra forma de relacionarnos con quienes amamos.

Pero también creo que tener fe no significa que una pérdida duela menos. Puedes creer profundamente en la continuidad del espíritu y, aun así, echar de menos una voz, un abrazo o la posibilidad de compartir un día más con alguien.

A quien esté atravesando un duelo le diría que no tiene que olvidar para poder continuar viviendo.

Que puede llorar, enfadarse, recordar y volver a sonreír sin sentirse culpable; incluso culpar temporalmente a Dios es natural. Porque la muerte nos obliga a desaprender la lógica y a hablar con el amor, aunque en la mayoría de los casos es un tránsito en sí.

Y, sobre todo, que el amor que hemos compartido con alguien no pierde su valor porque esa persona ya no esté físicamente a nuestro lado.

A veces, seguir viviendo también es una manera preciosa de honrar a quienes se fueron.

Hablas en varios capítulos sobre la importancia de la maternidad y la llegada de tu hijo Thiago. ¿Cómo cambió tu percepción del «umbral» al convertirte en madre?

Thiago ha cambiado absolutamente todo, empezando por la manera en la que me miro a mí misma.

Creo que hasta que me convertí en madre había entendido los umbrales principalmente como momentos de pérdida, transformación o decisiones difíciles. Eran puertas que tenía que cruzar para dejar algo atrás.

Pero con su llegada descubrí que también existen umbrales que atravesamos para recibir algo maravilloso.

La maternidad me ha hecho mucho más consciente de mi vulnerabilidad. De repente, existe alguien a quien amas de una manera tan inmensa que resulta imposible explicarlo con palabras. Y ese amor también viene acompañado de miedos, responsabilidades y muchas preguntas.

Thiago me ha enseñado a mirar la vida desde otro lugar. A valorar cosas que antes me parecían pequeñas y a entender que no necesito tener todas las respuestas.

También me ha hecho pensar mucho en la huella que dejamos: en qué clase de madre quiero ser, qué valores quiero transmitirle y qué historia me gustaría que conociera de mí cuando sea mayor.

Quizá por eso UMBRAL tiene ahora un significado todavía más especial. Porque algún día mi hijo podrá leerlo y descubrir que, antes de ser su madre, fui una mujer que tuvo miedo, que se equivocó, que luchó muchísimo y que nunca dejó de intentar encontrarse a sí misma.

Escribir desde una honestidad tan brutal sobre la propia vida puede ser sanador, pero también expone mucho. ¿Hubo algún capítulo en concreto que te costara especialmente escribir o soltar?

Creo que lo más complicado no fue escribir sobre lo que me había sucedido, sino aceptar que otras personas iban a conocer partes de mí que durante mucho tiempo había mantenido en silencio.

Cuando escribes sobre tu propia vida, inevitablemente vuelves a lugares a los que quizá pensabas que no tendrías que regresar.

Hay capítulos especialmente delicados, porque hablar de las despedidas, por ejemplo, siempre implica remover emociones que nunca desaparecen del todo.

Pero si algo me sorprendió fue descubrir que también cuesta muchísimo escribir sobre el amor. Hablar de las personas que te han sostenido, reconocer cuánto las necesitas y mostrarte agradecida de una forma tan abierta te deja igualmente vulnerable.

Durante la escritura hubo momentos en los que me pregunté si estaba contando demasiado; me daba miedo, realmente.

Después comprendí que no podía escribir un libro sobre cruzar mis propios umbrales si me quedaba detenida delante de las puertas que más miedo me daba abrir.

Eso no significa que haya sido fácil. Significa que decidí hacerlo a pesar del miedo.

Hay muchas personas altamente sensibles o intuitivas que se sienten incomprendidas o con miedo a sus propias percepciones. ¿Qué consejo les darías a través de tu experiencia?

Les diría algo que me habría gustado escuchar cuando era pequeña: no tenéis que demostrarle constantemente a nadie lo que sentís para que vuestra experiencia personal merezca respeto.

A veces estamos tan preocupados por conseguir que los demás nos comprendan que nos olvidamos de comprendernos a nosotros mismos.

Creo que es importante aprender a escucharse, pero también mantener los pies en la tierra. No todas las sensaciones tienen necesariamente un significado espiritual y no pasa nada por hacerse preguntas, buscar explicaciones o reconocer que hay cosas que todavía no entendemos.

La espiritualidad, al menos como yo la vivo, debería ayudarnos a encontrar equilibrio, no a vivir permanentemente con miedo.

También les aconsejaría que no tengan prisa por ponerse etiquetas. No necesitan definirse como médiums, intuitivas o cualquier otra cosa para empezar a conocerse.

Y, sobre todo, que se rodeen de personas que respeten su sensibilidad sin aprovecharse de ella.

Para mí, una de las mayores lecciones de este camino ha sido comprender que tener una sensibilidad especial no te hace superior a nadie. Simplemente te invita a asumir una responsabilidad mayor sobre cómo la utilizas y cómo tratas a los demás.

Por último, no olvidaría reflejar que no todas las personas sensitivas o sensibles tienen que percibir nada fuera de lo habitual. Quizás nos forzamos a sentir o a encajar en lugares y simplemente hay que dejarse ser.

El libro transmite la idea de que «al otro lado nada es lo que parece» y que al final solo importa el amor que fuiste capaz de sostener. ¿Con qué sensación te gustaría que se quedara el lector al cerrar la última página?

Me gustaría que cerrara el libro y se quedara unos minutos pensando en su propia vida.

No necesito que todo el mundo comparta mis creencias espirituales, ni que esté de acuerdo con mi manera de interpretar determinadas experiencias. De hecho, me parece precioso que cada persona pueda leer UMBRAL desde su propia perspectiva.

Lo que sí me gustaría es que el libro despertara preguntas.

Que alguien se atreva a perdonarse por algo que lleva años reprochándose. Que otra persona encuentre fuerzas para empezar de nuevo. Que alguien recuerde a un ser querido con una sonrisa o comprenda que no tiene que vivir intentando cumplir las expectativas de todo el mundo.

A veces dedicamos tanto tiempo a pensar en lo que hemos conseguido, en lo que nos falta o en lo que hemos perdido, que olvidamos preguntarnos cuánto hemos amado y cuánto amor hemos permitido recibir.

Si tuviera que elegir una sola sensación, sería la esperanza.

No una esperanza ingenua que promete que todo va a salir bien, sino esa que aparece cuando comprendes que, incluso después de los momentos más oscuros, todavía puedes construir algo bonito con tu vida.

Y si alguien termina UMBRAL sintiéndose un poquito menos solo, para mí el libro ya habrá cumplido una de sus misiones más importantes.

Por último, ¿dónde podemos encontrar Umbral y qué proyectos o caminos se abren para ti tras haber cruzado este paso literario?

UMBRAL se puede conseguir a través de Exit o de mis canales de la web MISTIK, el proyecto que estoy desarrollando y en el que estoy reuniendo muchas de las cosas que forman parte de mi manera de entender y compartir la espiritualidad.

MISTIK nace con la intención de acercar las prácticas espirituales a las personas desde un lugar respetuoso, cercano y libre de juicios. Quiero que cada persona pueda encontrar su propia manera de conectar con sus creencias, sin sentir que tiene que encajar en una única forma de vivirlas.

También estoy dando forma a UMBRAL Podcast, un espacio donde quiero seguir compartiendo conversaciones sobre espiritualidad, experiencias personales, vida y todo aquello de lo que muchas veces nos cuesta hablar abiertamente.

Publicar este libro ha sido un paso enorme para mí, pero no siento que haya llegado al final de ningún camino. Más bien tengo la sensación de que acabo de abrir una puerta que llevaba muchísimo tiempo esperando al otro lado. Y si algo he aprendido escribiendo UMBRAL es que no siempre sabemos qué nos espera después de cruzar una puerta.

A veces, simplemente hay que tener el valor de abrirla.

Consigue pinchando aquí tu ejemplar de UMBRAL y descubre otrosmundos posibles.

Entrevista a Lía Cid Rivero: Cruzando el Umbral

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